Por recomendación de Miranda Wiklund, descargué “El
problema de los tres cuerpos” en mi Kindle, aunque no logré terminar de leerlo
en el Kindle debido a que mi lectura la realizo mucho en el transporte público
y sacar un aparato electrónico en el transporte bogotano es como colgarse un cartel
del cuello que diga “róbame”. Así que me fui a la Gran Manzana y adquirí la
novela original por un poco más de cuarenta mil pesos y la terminé en menos de
dos semanas. Lo más importante que puede decirse en cuanto a este libro es que
la trama es sumamente interesante y enrevesada. Cixin Liu te lleva por un viaje
a través de la historia china y la física de nuestra civilización, para terminar
advirtiéndonos sobre una amenaza invasora desde una sociedad sospechosamente
cercana a la nuestra. La historia es sumamente original y no le sobra una sola
página. Toda la información que nos da el autor es absolutamente esencial para
comprender la historia, lo cual es un logro impresionante en una novela que
alcanza las cuatrocientas ocho páginas.
Sin embargo, no hay novela perfecta y por lo tanto voy
a empezar a enumerar algunos de los detalles que considero no son lo suficientemente
sólidos. Esto por supuesto no quiere decir que considero “El problema de los
tres cuerpos” una novela mala. Al contrario, si ganó el premio Hugo a mejor novela
de ciencia ficción es porque el autor lo tenía más que merecido. La estructura de
la novela es muy arriesgada pero única, no recuerdo haber leído algo
exactamente igual al “problema de los tres cuerpos” antes. Es una gran apuesta del
autor y de los editores. Además, creo que el primer volumen de la trilogía
prepara el terreno para los dos siguientes libros adecuadamente. Es probable
que éste sea un gran pero para muchos, porque la mayoría de los lectores esperan
que una historia sea redonda y nos cuente un inicio, un nudo y un final. Esto
no pasa en “El problema de los tres cuerpos”. Cuando se llega al final de la
historia, sabemos que ese sólo ha sido el comienzo y que muy probablemente los
personajes con los cuales logramos identificarnos, no estarán en la siguiente
entrega (esta información la puedo sostener a partir del hecho de que ignoro
completamente lo que pasa en las siguientes dos entregas).
Y los personajes son creo yo el aspecto con el cual
más tuve encontronazos en la novela. Para un amante de la literatura como yo,
un sinónimo de escritura especulativa de ficción es la creación y el desarrollo
de los personajes, pero en esta novela, tuve la impresión de qué aunque los
personajes no son planos, son elementos dispuestos para contar la trama, para
lograr que ésta avance y que el autor nos siga contando más al respecto. Los personajes
no son agentes de cambio. Son a veces vagos y etéreos, los únicos dos que pude
imaginar claramente en mi cabeza fueron el profesor Wang y el sabueso Shi
Qiang. Aunque el resto del elenco es numeroso y a veces Cixin Liu se queda con
ellos para contarnos algo importante, tenemos la sensación de que pudieron
haber sido otros y la sucesión de hechos no se habría visto afectada en lo más
mínimo. Los personajes en esta historia son meras fichas en un juego de Risk.
“El problema de los tres cuerpos” es además una novela
que requiere un alto grado de concentración de los lectores. Su estilo es
bastante llano, tal vez podríamos decir que la prosa es escueta y carente de
todo tipo de lirismo. Esto sin embargo se hace necesario, porque este libro es
un libro de ciencia, donde refresqué mucho de los conceptos que un día hace
muchos años aprendí en mis clases de física y en mis charlas con Miller
Mendoza. Estas características lo convierten en una novela no apta para todo el
mundo, una novela que sin duda disfrutarán más los adeptos a la ciencia ficción
dura tipo Arthur C. Clarke. La narrativa no es bonita, pero tampoco pretenciosa.
Desde un principio, Cixin Liu, pone las reglas del juego sobre la mesa y estoy
seguro de que ningún otro escritor hubiera podido contar esta historia de la
manera tan satisfactoria como él lo ha hecho. Al final hay un “cliffhanger” del
tamaño de una montaña que tal vez irrite a unos cuantos, pero que a mi
personalmente me dejó intrigado sobre las posibilidades para lo que será mi
lectura de “El Bosque Oscuro”. Un muy merecido 8.5 de 10.

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