Sunday, 19 May 2019

UNA HIJUEPUTA PERDIDA DE TIEMPO

Click para leer las primeras páginas de la última novela de Vallejo

El primero de mayo fuimos a la Feria Internacional del Libro de Bogotá y mi esposa Mónica le compró a su hermana el libro más vendido de la feria: "Memorias de un hijueputa" de Fernando Vallejo. Antes de que el libro volara a su destino final, decidí ver que nos tenía de nuevo el septuagenario más políticamente incorrecto de Colombia, y la verdad es que su última obra es la mismo de siempre, una gran decepción. Con su verborrea característica y estridente, Vallejo esta vez tiene nuevas víctimas: la clase política colombiana y a algunos escritores que sin mofa confunde. ¿Cómo olvidar cuando afirma que el escritor Abad (a quien llama huerfanito) es el autor de "Sin tetas no hay paraíso"? Fernando Vallejo parece ya no tener nada que ofrecerles a los lectores, solamente su coprolalia venenosa que cada vez me resulta más aburridora. Sé que en el pasado lo consideré un maestro de la literatura, pero en este última "novela" su prosa parece desgastada, ilegible y rutinaria. La escritura de Vallejo ha logrado alcanzar su transformación final y ahora es semejante a su dueño: un viejo cascarrabias odioso de quien todos se ríen, pero que nadie toma en serio.

Esta novela de Vallejo es un intento burdo de crear la típica historia latinoamericana de un tirano, de un dictador déspota que hace y deshace y logra torcer el mundo a su antojo porque todos siguen sus caprichos. Supongo que Vallejo tuvo como ejemplo de este tipo de historias a "El Otoño del Patriarca", otra novela caótica, pero mucho mejor lograda que la del escritor paisa. Cuando Vallejo trata de convencernos de que quien cuenta sus memorias es un exdictador loco que se dirige a su secretario Peñaranda, el libro fluye y divierte. Porque a pesar de todo Vallejo es divertido, aunque de una manera tan cruel que le gana tantos adeptos como detractores. Pero cuando Vallejo pierde el hilo de la narración y olvida que aquella voz en primera persona debe ser aquel personaje que nos propone desde la página 1 y se dedica a importunarnos con sus opiniones estúpidas, la novela se convierte en un sancocho indigerible, una diarrea mental estrepitosa de la cual yo debía tomar distancia cada veintena de páginas para no sentirme saturado ante la cantaleta de aquel vejete solitario, a quien imagino sentando en una mecedora, sacudiendo el puño al aire mientras a su alrededor el mundo cambia.

A pesar de este estilo gastado hasta el cansancio, Vallejo sin embargo ha cambiado un poco, y creo yo que ha cambiado para mal. Su prosa es descuidada, brinca de un lado para otro sin llegar a un punto. Vallejo además no muestra, sólo nos cuenta todo lo que ha hecho este memorialista loco, o lo que dice haber hecho. Hay un par de chispazos, pero también apartados tan desgraciados que dan pena. Un caso que merece atención especial es cuando suelta su pluma y deja coger ríos de tinta contra los médicos por matasanos, o cuando se atreve a afirmar que el SIDA es una enfermedad inexistente para hacerle dinero a las compañías farmacéuticas. De esta manera, Vallejo se une al pequeño grupo de intelectuales, con Foucault, que negaron la existencia del VIH. Sería interesante que Vallejo muriera de la misma manera que el pensador francés, víctima de una enfermedad a la cual se atrevió a negar sin poseer conocimientos médicos. 

En conclusión, creo que leer a Vallejo es un retroceso para un aspirante a escritor. Su prosa se ha tornado en una verborrea pestilente, sin ruta a seguir. Da tumbos como un borracho senil intentado levantarse un domingo al mediodía para buscar sus calzones. Vallejo estos días da pena, lo único que queda de aquel brillante escritor de "El desbarrancadero" es su humor jocoso y cruel y esos pequeñísimos pasajes que se quedan en la memoria y que valdría la pena recrearlos. Entre ellos me quedo con la página 51, en la que fusila a los cuatro más grandes hijueputas que ocuparon la presidencia antes de que un golpe militar catapultara al poder al tirano loco que dice ser el "dictador" de estas memorias. "Y ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta...Fueron cayendo y de hijueputas los cuatro pasaron a cadáveres" dice de César Gaviria, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos. Sin embargo, no hay más que se pueda rescatar de su última novela. Incluso el lenguaje es descuidado y hay una selección de palabras bastante inapropiada y a veces extraña, supongo que ya nadie se atreve a editar a Vallejo como se solía hacerlo.  Una hijueputa pérdida de tiempo, con tantos libros para leer y tan poco tiempo, hay más de dónde escoger. Larga vida a Vallejo y su espíritu odioso y pedante. Un 2.0 de 5.0, por divertir a ratos.


No comments:

Post a Comment